
Durante 2025, Chile registró más de 126 mil fallecimientos. De ese total, prácticamente la mitad tuvo una causa común: enfermedades del sistema circulatorio y tumores. Así lo revela un análisis exhaustivo de las bases de datos del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), que consolida a estas patologías como las principales «asesinas» de la población nacional.
La tendencia es clara: los tumores (neoplasias) hoy disputan el primer lugar de mortalidad palmo a palmo con las fallas cardiovasculares, dejando muy atrás a las enfermedades respiratorias, digestivas o causas externas.
En el caso de los tumores, los datos del DEIS confirman que el cáncer continúa siendo un desafío sanitario de primer orden en Chile, afectando a distintos grupos etarios y avanzando, en muchos casos, de forma silenciosa hasta etapas avanzadas. A ello se suman enfermedades como la hipertensión arterial, que sigue actuando como un factor de riesgo clave en infartos y accidentes cerebrovasculares, y que muchas veces permanece sin diagnóstico ni tratamiento oportuno.
Los datos confirman que el cáncer sigue siendo el desafío sanitario más crítico del país, operando de forma silenciosa hasta etapas avanzadas. Por otro lado, la hipertensión arterial persiste como el «enemigo invisible» detrás de la mayoría de los infartos y accidentes cerebrovasculares (ACV), debido a la falta de tratamiento oportuno.
Marcelo Garrido, director técnico del Centro de Estudios Clínicos SAGA, advierte que estas cifras son un síntoma de un sistema que aún actúa tarde. “No podemos leer esto solo como estadísticas frías; muchas de estas muertes por tumores e hipertensión eran evitables. El dato nos está diciendo que estamos llegando cuando la enfermedad ya es irreversible”, señala el especialista.
Desde SAGA enfatizan que el análisis de la mortalidad debe servir para transformar la cultura preventiva en Chile. La capacidad de anticiparse a la enfermedad es, hoy, la brecha que define la sobrevivencia de los pacientes. “Un examen a tiempo es la única diferencia real entre detectar un cáncer tratable o enfrentar un desenlace fatal. Lo mismo ocurre con la hipertensión: sin síntomas evidentes, termina en ACV fulminantes que podrían haberse controlado con un chequeo de rutina”, agrega Garrido.
El perfil de mortalidad de 2025 refuerza una urgencia nacional: fortalecer el seguimiento médico habitual para que enfermedades crónicas controlables dejen de liderar las causas de muerte en el país.