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«No te preocupes, ya hice el due diligence”

Potencial interesado hizo enojar a Alejandro Gil

«No te preocupes, ya hice el due diligence” … “Al entrar al estacionamiento en auto, me pude estacionar en el primer piso, al lado del ascensor, con eso tengo todo” Con estos comentarios, un potencial comprador de Clínica las Condes, provocó el enojo del actual presidente del directorio, Alejandro Gil, quien se habría negado a presentar un «due diligence»; proceso que realizan los oferentes para conocer mejor la empresa, sus números y así poder afinar una eventual oferta.

No es novedad que la clínica esté atravesando una crisis que se prolonga por varios años, marcada por la renuncia de muchos médicos emblemáticos y los sucesivos escándalos en los que se ha visto envuelta. Lo que sí es nuevo es que los flujos de caja son cada vez más ajustados y hay quienes alertan sobre sus elevadas deudas y los proveedores que la presionan, en contraste con ingresos que disminuyen de forma constante; además, han surgido interesados en comprarla o, al menos, en asociarse con los controladores para rescatarla.

Sin embargo, todos coinciden en que el obstáculo es Alejandro Gil: a algunos les dice que no quiere vender y a otros, que está dispuesto a hacerlo, pero a un precio que más que duplica la cotización actual de la acción.

Para enfrentar el problema de caja, la empresa ha tenido que recurrir a sus controladores. El 22 de mayo, el comité de directores recomendó a la mesa directiva de la clínica aprobar la contratación de una línea de crédito con Inversiones Santa Filomena Limitada y Lucec Seis SpA por un monto de hasta $5 mil millones. Las prestamistas son las sociedades a través de las cuales Cecilia Karlezi Solari, pareja de Alejandro Gil y residente entre Miami y Bahamas, controla la clínica. Lucec Seis posee el 32,78% de las acciones y Santa Filomena el 17,27%, lo que significa que el 50,05% de la propiedad está en manos del llamado Grupo Auguri, el family office de la familia Karlezi. La empresaria cumplirá a fines de 2024 cinco años como controladora, un período en el que la mayoría de los indicadores de CLC han disminuido de manera constante.

Los ingresos de la clínica, que en 2019 fueron de $226.194 millones y alcanzaron un máximo de $276.854 millones en 2021 durante la crisis sanitaria por el Covid-19, disminuyeron a $202.263 millones en 2023, lo que representa un 11% menos que el año en que los actuales dueños tomaron el control.

Sus utilidades, que llegaron a $4.654 millones en 2019 y alcanzaron un pico de $18.416 millones en 2021, se transformaron en pérdidas de $3.401 millones el año pasado.

Focalizando en el primer trimestre de este año, los ingresos alcanzaron los $47.952 millones, un 6,6% menos que hace un año. Sus costos de ventas se redujeron un 6,9% a $35.512 millones, los gastos administrativos disminuyeron un 2,5% a $9.665 millones y los costos financieros bajaron un 4,2% a $3.240 millones. Gracias a estos ajustes, la empresa obtuvo una modesta utilidad de $513 millones entre enero y marzo. Sin embargo, su ganancia antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización (Ebitda, una medida de su flujo de caja operacional) se redujo un 35%, a $5.187 millones.

Los últimos balances de la firma muestran pasivos corrientes, exigibles en los próximos 12 meses, por un total de $88.658 millones. Desglosando esta cifra, las deudas financieras corrientes con bancos y bonos ascienden a $32.955 millones, un poco menos que los $35.297 millones de finales de 2023. Por otro lado, las cuentas comerciales y otras cuentas por pagar, corrientes (a proveedores o servicios), que preocupan a los interesados en la firma porque son los proveedores quienes mantienen operativa una clínica, suman $33.505 millones, superando los $29.401 millones con los que cerró el año pasado. El flujo de efectivo proveniente de sus operaciones alcanzó los $7.788 millones, mientras que la caja utilizada para el pago de financiamiento fue de $7.926 millones, casi igual.

“Gil consiguió un préstamo de $5 mil millones de Cecilia Karlezi. Eso le durará muy poco”, comentó un exdirector de la clínica.

El crítico momento de CLC, en lugar de ahuyentar a los inversionistas, los ha atraído. La marca de la clínica, a pesar de haberse debilitado, sigue siendo fuerte, lo que lleva a muchos a pensar que una nueva administración con un enfoque diferente al del actual controlador podría revitalizarla y aprovechar sus atributos históricos.

A fines del año pasado, UC Christus, la alianza entre la Universidad Católica y el grupo estadounidense Christus Health, había avanzado hacia un acuerdo de arriendo a largo plazo con CLC para utilizar sus instalaciones. Sin embargo, en enero, Gil se retractó, pues prefería vender, según informó DF.

Después de esto, Leonidas Vial, socio de LarrainVial, intentó, antes de la junta de accionistas de abril, reunir a un grupo de socios para forzar a Gil a ceder la mayoría del directorio que le corresponde por ser el controlador, según El Mercurio. Vial, que a través de su corredora posee el 9,16% de la clínica, intentó representarse mediante el director ejecutivo de LarrainVial SpA, Manuel Bulnes. Sin embargo, el presidente no aceptó y finalmente impuso su mayoría para elegir la mesa directiva. Vial y Bulnes optaron por no participar en la mesa.

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