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Aranceles de Fonasa: cuando el reajuste va por detrás de la realidad

Columna de Diego Moreira, Gerente General de Sanasalud

Cada año, el reajuste de aranceles de Fonasa es una señal clave para el funcionamiento del sistema de salud que atiende a millones de chilenos. Sin embargo, el anuncio para 2026 vuelve a instalar una preocupación que se ha vuelto recurrente: el incremento promedio será de apenas 1,8%, muy por debajo del IPC 2025, que alcanzó 3,5%. En términos simples, los valores que Fonasa paga a los prestadores subirán aproximadamente la mitad de lo que aumentaron los costos en la economía.

El problema no es solo la cifra de este año. Si se observa la tendencia de los últimos cinco años, Fonasa ha reajustado sistemáticamente por debajo de la inflación, acumulando una brecha que supera el 12% respecto del IPC real. Esta diferencia no es menor, porque el sistema de salud —al igual que cualquier otra actividad— opera con costos que evolucionan justamente al ritmo de la inflación.

La realidad de los prestadores es clara: los arriendos suben según IPC, los sueldos del personal de salud también, y los insumos médicos siguen la misma lógica. A eso se suman mayores exigencias regulatorias de la autoridad sanitaria, que implican más personal, más procesos y más inversión en cumplimiento normativo. En otras palabras, los costos crecen a un ritmo conocido y predecible, pero los ingresos provenientes de Fonasa no acompañan ese mismo movimiento.

Este descalce obliga a clínicas, centros médicos y otros prestadores que atienden beneficiarios Fonasa a realizar un esfuerzo constante para sostener la operación. Año tras año deben absorber la diferencia entre costos reales y precios que crecen por debajo de la inflación, lo que termina erosionando los márgenes y debilitando la sostenibilidad financiera de quienes forman parte de la red que atiende a pacientes del seguro público.

Resulta llamativo, además, el silencio del Colegio Médico frente a esta situación. La discusión sobre aranceles no solo afecta a las instituciones prestadoras, sino también a los profesionales y, en última instancia, a la capacidad del sistema de salud para seguir ampliando el acceso a atención. Cuando la ecuación económica deja de ser sostenible, la red que sostiene esa atención comienza inevitablemente a tensionarse.

Si el objetivo es fortalecer el sistema de salud y consolidar una red robusta de prestadores que atiendan a los beneficiarios de Fonasa, los aranceles deberían, al menos, acompañar la inflación real. De lo contrario, el mensaje implícito que recibe el sector es difícil de ignorar: cada vez se exige más, pero se paga menos. En un sistema que ya enfrenta presiones crecientes, esa señal puede tener consecuencias que van mucho más allá de una simple cifra en un reajuste anual.

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