Enfermería en neurorehabilitación ambulatoria: pilares de un cuidado centrado en la persona
Karin González Domínguez E.U. de Gestión de la Unidad Ambulatoria de Clínica San Andrés

El rol de Enfermería en la gestión del cuidado del adulto que se encuentra en un proceso de neurorehabilitación es fundamental para favorecer la funcionalidad del usuario, su independencia, autocuidado y calidad de vida. A través de un trabajo basado en el modelo biopsicosocial y en la articulación de la gestión del cuidado con los objetivos terapéuticos, se logra una atención personalizada, segura, eficiente y centrada en la persona.
En este contexto, es posible identificar los siguientes pilares fundamentales:
1. Apoyo emocional y acompañamiento
El dolor es una condición que, en la mayoría de los casos, está presente en el proceso de rehabilitación. Por ello, su manejo se vuelve esencial. Ayudar al paciente a comprender el origen del dolor, acompañar el tratamiento farmacológico y brindar contención emocional son aspectos clave para lograr adherencia al tratamiento.
Dentro de este pilar, también destaca el rol motivador del profesional de Enfermería, así como el manejo de expectativas, la frustración y el apoyo emocional a lo largo del proceso. Es fundamental entregar herramientas tanto al paciente como a su familia para que puedan afrontar este camino con mayor comprensión y participación activa.
2. Trabajo colaborativo con el paciente y su familia
La rehabilitación es parte de la vida, y no un proceso paralelo a ella. Por eso, el rol de Enfermería incluye acompañar al paciente en la compatibilización de su rehabilitación con las múltiples dimensiones de su vida cotidiana: el cuidado de hijos o padres, espacios de esparcimiento, estudios, trabajo, entre otros.
Es esencial entender que el paciente es parte de una red y de una sociedad, y no un ser aislado. La gestión del cuidado debe integrar esta dimensión familiar y social para lograr una rehabilitación sostenible y realista.
3. Personalización de los cuidados
Cada plan de Enfermería debe partir de una valoración integral del usuario, considerando tanto los aspectos clínico-fisiológicos como los ámbitos emocionales, espirituales y sociales. Este enfoque permite ofrecer cuidados personalizados, ajustados a las verdaderas necesidades de cada persona, y con ello contribuir de manera efectiva a su proceso de rehabilitación.
4. Rol educador
Para promover el autocuidado de forma efectiva, es fundamental que el paciente conozca su patología, los tratamientos que requiere y cómo prevenir posibles complicaciones. En este sentido, el rol educador de Enfermería es clave. La creatividad y la comunicación efectiva son herramientas fundamentales para captar el interés del paciente, motivarlo y posicionarlo como protagonista activo de su proceso de rehabilitación.
5. Seguimiento continuo
En este ámbito, la eSalud y el uso de las TICs se han transformado en grandes aliados para garantizar la continuidad del cuidado. Estas herramientas permiten realizar seguimiento oportuno, coordinar sesiones de terapia, gestionar interconsultas, derivaciones y resolver dudas de forma rápida y cercana.
Además, representan una oportunidad para favorecer la articulación del sistema de salud chileno, que debe orientarse a una atención más integrada. Sin embargo, también es importante considerar a aquellos usuarios que, por diversas razones, no pueden acceder a estas tecnologías, evitando así generar brechas de atención.
El rol de Enfermería en la neurorehabilitación ambulatoria es estratégico, humano, asistencial y educativo. Desde una perspectiva interdisciplinaria, su labor se orienta a mejorar la calidad de vida del paciente, potenciando su funcionalidad e independencia, siempre desde una gestión del cuidado centrada en la persona.
Karin González Domínguez – E.U. de Gestión de la Unidad Ambulatoria de Clínica San Andrés




